Las farolas en las ciudades siguen dejando una importante huella de carbono, además de incrementar los niveles de contaminación lumínica y aumentar la factura de la luz de los ayuntamientos. Una posible solución para reducir todos estos inconvenientes, sería hacer con las farolas lo mismo que hacemos con las luces de casa: apagarlas cuando no estamos cerca.
Chintan Shah, ideó una solución mientras estudiaba en la Universidad Tecnológica de Delft en los Países Bajos, al que denominó Tvilight. Se trata de un proyecto de alumbrado público inteligente, que mediante el uso de sensores de detección de movimiento que pueden ser implementados tanto en farolas nuevas o como en las ya existentes, son capaces de reconocer cuando un vehículo o peatón pasa por debajo para iluminar.
Además, es capaz identificar la velocidad a la que el sujeto/objeto se desplaza, anticipándose el sistema en proveer el correcto alumbrado en todo el camino. Así mismo, son capaces de cambiar el brillo según las condiciones meteorológicas para mejorar la seguridad de los ciudadanos y, cuando no hay nadie, las farolas reducen su intensidad de brillo manteniendo sólo una tenue luz para ahorrar energía.
Debemos recordar que Europa gasta más de 10 mil millones de euros al año por el consumo eléctrico de las farolas, lo que representa más del 40% de las facturas del gasto eléctrico gubernamental, sumado a la emisión de 40 millones de toneladas de CO2 al año.
Como habrás podido ver en el vídeo que incluimos en el post, Tvilight ya está en uso con éxito en Irlanda. Sin embargo, actualmente se está mejorando aún más la tecnología para que sea capaz de distinguir entre personas y animales más pequeños, como gatos, perros o ratones, lo que evitaría un gasto de iluminación innecesario aprovechando todo el potencial que puede ofrecer este sistema.
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